¿Por qué?

En el Area Metropolitana de Barcelona se exceden los umbrales de contaminación de NO2 y de PM establecidos por la UE y la Organización Mundial de la Salud y constituyen una amenaza de primer orden en términos de salud pública.

Ante la gravedad de la situación, la Unión Europea ha amenazado con imponer importantes sanciones si no se toman medidas urgentes contra la contaminación

Según la EEA y la OMS, los efectos sobre la salud son: efectos sobre el sistema nervioso central (PM), asma y funciópulmonar reducida (PM), enfermedad pulmonar obstructiva crónica (PM), efectos sobre el sistema reproductivo (PM) , efectos en el hígado, en el bazo y en la sangre (NO2), cáncer de pulmón (NO2 y BaP), efectos cardiovasculares (PM, SO3, O3), etc.

La elevada contaminación atmosférica tiene unos efectos directos sobre la salud de los persones que la comunidad científica ha podido parametrizar en más de 3.000 muertes prematuras anuales en el entorno metropolitano.

Se ha comprobado que la influencia de la movilidad sobre la contaminación atmosférica es más del 50% a nivel del ámbito de Zona Protección Especial, pero sube hasta el 70 o el 80% en las zonas más densas de la conurbación de Barcelona.

Además, cabe destacar la contribución del sector industrial, que implica que en la ciudad de Barcelona, ​​las emisiones provenientes de la industria pueden suponer hasta un 15% del conjunto y de las compras online (17,8 compras por usuario de media al año), de las que el 73% de estas se entregan a domicilio y el 12% en la oficina. Sólo el 15,1% se recogen en alguna modalidad de Click & Collect.

La AMB, se ha fijado el objetivo de reducir, de cara al año 2020, el 50% de la contribución de la movilidad en la contaminación del aire, con el objetivo de contribuir a garantizar el cumplimiento tanto de los estándares europeos como los que establece la OMS.

Sin embargo, en otros estudios de la propia AMB, se prevé que el consumo energético del transporte se duplique para 2050 frente a los niveles del año 2000 situando el sector en una posición de debilidad frente a la volatilidad de precios y la escasez de los combustibles fósiles, aumentando la dificultad del reto de controlar los gases contaminantes y de efecto invernadero y los residuos que generan los propios vehículos comerciales durante y después de su vida útil.

Por eso la solución no se debe quedar en un simple cambio de flota desde los gasóleos hacia los híbridos o eléctricos, pues estos siguen siendo grandes emisores de partículas PM, sino que se deben centrar los esfuerzos en cambiar el modelo.

Según el IPCC, en torno al 5,5% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero se deben a la actividad logística relacionada con el consumo energético ligado a una operación logística relativamente ineficiente.

El desarrollo de nuevas tecnologías productivas y para la movilidad, la digitalización de la economía, la ubicuidad de los datos y su rol cada vez más central en la economía influirán profundamente sobre las demandas y necesidades del usuario logístico.

El conocimiento actual sobre el impacto ambiental de las cadenas logísticas, así como de las diferentes alternativas operacionales y modales es todavía insuficiente. La toma de decisiones sobre la base de evidencias es un primer paso para fundamentar mecanismos más efectivos.